Polvos y crisis de liderazgo
La globalización constituye uno de los fenómenos característicos del final del siglo XX y comienzo del XXI. El propio término genera controversia ya que abarca aspectos distantes que van desde la economía a la cultura. La globalización desde un punto de vista económico se puede entender como la extensión del capitalismo como un “verdadero sistema a escala planetaria” [Morley; Robins, 1995], donde el mundo se considera un mercado. Como consecuencia, la producción y el control de los mercados se realiza a escala global y las legislaciones nacionales deben eliminar las barreras que impiden el libre intercambio de productos.
Este aspecto de la globalización supone
para muchos autores simplemente el triunfo del capitalismo tras la caída del
muro del Berlín en 1989 y la aceptación de las reglas del juego del libre
mercado o en otros términos “la globalización económica es la americanización
del planeta”[Estefanía, 2000]. Una vez cae el muro de Berlín, deja de existir
el Comunismo, como contrapoder del sistema capitalista y aparece lo que se
denomina “pensamiento único”.
Megafusiones, crisis del Estado del
Bienestar, privatización de los bienes y servicios públicos. Todo esto forma
parte de la globalización económica, pero hay un paso más, que es lo que más
diferencia al nuevo capitalismo (neocapitalismo) de versiones anteriores: la
libre circulación de grandes capitales financieros sin control. Esto deriva en
una economía financiera y/o especulativa que pone en riesgo las democracias
nacionales y el concepto de ciudadanía.
Para algunos autores la Globalización
va inevitablemente ligada a la homogeneización cultural [Barbers, Ramonet],
esto es, la pérdida progresiva de las identidades nacionales, regionales y
locales que se manifiesta en lo material por el consumo de los mismos productos
estandarizados en todo el mundo y en lo ideológico por la aparición del
“pensamiento único” (u “occidentalización del mundo”), mencionado
anteriormente.
Como indica Pere Marqués, la “nueva
economía” se sustenta sobre 3 pilares: “la información, la globalización y la
organización en red” (frente a las anteriores organizaciones jerárquicas
verticales).
En palabras de Misifú, las doctrinas
neoliberales y de libre mercado deben ser el único credo que inspire a la
iniciativa privada y pública (aunque esta última, debería mejor desaparecer
porque lastra al resto de la economía). Esto es lo que le han contado en el
carísimo master que su empresa le ha pagado para darle “chicha” y respaldo a un
puesto para el que carecía de formación. Por ello –y porque no tiene dos dedos
de frente- esta prostituta de profesión (y filóloga por diversión) se empeña en
trasladar el modelo chino a su empresa (que en el fondo la considera suya…y no
anda muy desencaminada). Para ello, tiene que desmontar previamente cualquier
atisbo de derecho (“privilegio”, como denomina su profesor de Economía
aplicada).
También le han contado en el master que
es difícil que un trabajador renuncie a un “privilegio” adquirido (véase
vacaciones, bajas por maternidad, reducción de jornada, derecho a huelga,
etc.). Por eso, le han pasado unos apuntes con una serie de técnicas para que
el trabajador renuncie a ellos de manera voluntaria (véase el miedo, la amenaza,
el insulto, el acoso laboral, etc.). Y eso es, precisamente, lo que ella hace día tras día: poner en
práctica lo que le han enseñado en “la escuela” (de negocios). A esto hay que
añadir que además, disfruta notablemente con ello. Si no hubiera sido
prostituta, probablemente sería verdugo…o las dos cosas a la vez.
***En el despacho de Perico el
palote (jefe y amante de Misifú).***
Misifú: ya le he vuelto a levantar las
vacaciones de Navidad al gilipollas de Paquito. Es que no aprende.
Perico: muy bien, cari. Vamos a celebrarlo
con un buen polvo. No te olvides –añade- de presionar a la red con las
vacaciones ¿ok? Este año nos la han colado pero el año que viene ni de coña.
¿Qué te parece si modificamos la normativa?
Misifú: por mí perfecto. Déjalo de mi
parte. Por cierto, ¿a quién le paso los gastos de la visa de empresa de este
mes?¿a ti, cari?
Una vez más, como diría mi padre: “para
mi lo ancho y para ti lo estrecho”. Ahí queda.
El pensamiento único, por otra parte,
va muy ligado a un estilo de liderazgo que describe bien Stephen R. Covey en el
libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”. Nos referimos al
estilo Misifú o lo que es lo mismo: “yo gano/tú pierdes”. O como Covey lo
define :“el paradigma de la carrera a las Bermudas”.
“Como estilo de liderazgo, gano/pierdes es el enfoque autoritario:
«Si yo consigo lo que quiero, tú no consigues lo que quieres». Las personas del
tipo gano/pierdes son proclives a utilizar la posición, el poder, los títulos, las posesiones o la
personalidad para lograr lo que persiguen”.
Covey explica en el mismo libro que las
personas gano/pierdes necesitan justificar su poder con otro tipo de entidad,
las personas pierdo/ganas. Solo con ellas pueden completar su círculo perverso
de “liderazgo”.
“Las personas gano/pierdes aman a las personas pierdo/ganas,
porque pueden chuparles la sangre. Aman sus debilidades, se aprovechan de
ellas. Esas debilidades complementan sus propias fuerzas. Pero el problema es que las personas
pierdo/ganas entierran muchos sentimientos. Un sentimiento que no se expresa nunca muere: está enterrado
vivo y surge más adelante de la peor manera. Las enfermedades psicosomáticas, en particular de los
sistemas respiratorio, nervioso y circulatorio, son a menudo la encarnación del
resentimiento acumulado, de la decepción profunda y de la desilusión reprimida
por la mentalidad pierdo/ganas. La cólera o ira desproporcionadas, la reacción
exagerada ante una pequeña provocación y el cinismo son otras formas de
corporizar las emociones reprimidas.
Las personas que se reprimen constantemente, y no trascienden los
sentimientos para darles un significado superior, acaban descubriendo que ello
afecta la calidad de su autoestima y finalmente la calidad de sus relaciones
con los otros”.
Volviendo a la sabiduría popular de mi
padre: “si te gritan, tú más fuerte”.
