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sábado, 30 de agosto de 2014

El lenguaje secreto de las organizaciones. Tipos de reuniones en las empresas de Españistán


Las claves de la demencia laboral

Hay que saber diferenciar entre diferentes tipos de reuniones en las empresas de Españistán. Por un lado, están los Comités de Incompetencia, que en territorio hispánico suelen superar las tres horas de duración. Por otra parte, cabe destacar las Reuniones de Paripé de trabajo. A ellas suelen asistir las huestes medievales, los padefos y algún becario. En este tipo de encuentros “sobrenaturales” se pone en marcha lo acordado en el último Comité de Incompetencia, si es que del acta se puede extraer alguna conclusión o “action point” (comúnmente conocido como “marrón” para padefos). 



















Otro tipo de reuniones menos habituales son los Encuentros de Hermandad. En ellos, las huestes medievales –a petición del empresauro hispánico- arengan a los padefos e intentan estimular su honestidad. Como si de sus amigos se tratase, el señor medieval, en un acto de hermanamiento excepcional, se pone del lado del padefo para que le cuente las mejoras que pueden llevarse a cabo en el departamento o aquellas sugerencias que pueden estimular el trabajo y la creatividad del grupo. 

El padefo, en este tipo de reuniones insólitas, intenta callar en la medida de lo posible. Sin embargo, al final, el señor medieval se ve en la obligación de tirarle de la lengua ya que debe rendir pleitesía al empresauro y llevar a su despacho un informe de seguimiento de hermandad. El padefo, con un poco de sofoco en el cuerpo, suelta la primera gilipollez corporativa que se le viene a la cabeza y con eso cumple el cupo. El señor medieval toma nota (de hecho, es la única reunión en la que apunta algo) y vuela al despacho del empresauro para entregarle la información. Normalmente este último, se suele limpiar el culo o hacer un avión con ella. Otra de las reuniones habituales del chiringo hispánico es La llamada a Filas, traducido como “Vente a mi despacho cagando leches”. 

A este tipo de reuniones acuden todos excepto el becario, que nadie sabe lo que hace, especialmente su jefe. Cuando el trabajador recibe la llamada a filas, sabe de antemano que nada bueno le va a caer, especialmente si la persona que llama es del Departamento de Recursos Inhumanos. Aquí pueden pasar dos cosas: bien el jefe tiene que humillar de una forma extremadamente insultante a su subordinado –para lo cual necesita intimidad y ausencia de testigos- bien ha de comunicarle una putada de dudosa legalidad. La llamada a filas, en cualquier caso, es siempre lo peor que le puede pasar a un padefo. Muchos de ellos se cagan antes de llegar a su destino.

Para entender este contexto de demencia me gustaría hacer alusión a un pensamiento de José San Martín. En él se vislumbra la clave de esta demencia laboral. La soberbia, según San Martín, “es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”. En efecto, el empresauro hispánico anda sobrado de prepotencia y narcisismo. Cree que está ahí por la gracia de Dios (que no ha escogido a otros sino a él). Esta soberbia adquirida (en la mayoría de las ocasiones innata pero hasta que no tienen una cuota de poder no la exhiben de manera obscena) es el caldo de cultivo perfecto para conseguir adeptos a su causa: pobres infelices, carentes de personalidad y empuje que harán todo lo que el empresauro les pida a cambio de un poco “cariño” y “reconocimiento”. Éstas son sus huestes, ejércitos de zombies con una necesidad de aceptación infinita, producida normalmente por carencias emocionales. 

El zombie, mando intermedio o señor feudal, no nace, se cultiva a base de violencia. Es el trabajo más preciado del empresauro, que en vez de dedicar sus esfuerzos a la creación productiva, se centra en cultivar y mimar a su guardia pretoriana.

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