Conversaciones de irrealidad
El sabio habla porque tiene alguna cosa que decir; el tonto,
porque tiene que decir alguna cosa.
Platón
En las empresas de Españistán existe tanto ruido e interferencias que cada uno entiende una cosa. Entre lo que se ha dicho, se ha intentado comunicar, lo que el otro ha podido entender y lo que el jefe ha terminado transmitiendo al equipo hay un abismo de dimensiones inimaginables. Parece que entender una tarea puede ser un trabajo más fácil que la ejecución de todo un proyecto pero no siempre es así. Aquí radica precisamente el quid de la cuestión: en invertir más tiempo en hacer las cosas que en pensarlas y transmitirlas.
De esta forma, en los mundos de
Españistán, los padefos se pasan el día haciendo y deshaciendo, copiando y
pegando y sacando del cajón proyectos reciclables de los que ya nadie se
acuerda (la “boñiga” universal y otros sucedáneos). En el 90% de los casos no
se trata de un problema de comprensión ni de capacidad por parte del padefo,
que suele tener una carrera, un par de masters y muy buena disposición.
Simplemente, su jefe no se ha tomado la molestia de explicarle lo que hay que
hacer ya que probablemente ni él mismo lo sepa.
Además, las huestes medievales, en vez
de hacer su trabajo (que debería consistir en inspirar y comunicar a sus
padefos) no paran de interrumpirles con chorradas y ocurrencias de última hora,
lo que añade más ruido y distorsión a su tarea. Volviendo la vista a Paquito el
encargao -que echa tantas horas en la empresa que nadie se explica por qué no
vive allí directamente- y a sus métodos de pandereta. Según aparece por la
puerta, el padefo sabe que se acabó la tranquilidad y la productividad. No solo
no puede seguir desarrollando su trabajo porque Paquito le interrumpe cada
cinco minutos (“no funciona la impresora”,
“¿alguien sabe dónde está el símbolo de la arroba en el teclado?”) sino porque
se comunica con el Director Comercial –al otro lado de la mampara- como si no
hubiese un teléfono (que lo hay).
-
Pepe, no me ha llegado el informe de
la red; dice Paco…el voceras.
-
¿Qué informe?, responde Pepe con
incredulidad
-
El que te pedí ayer, vocea Paco
mientras le echa un vistazo a la bandeja de entrada mientras se rasca los
huevos .
-
¿Cuál de ellos? Te mandé tres.
-
El de los resultados de la campaña
en Andalucía, espeta Paco.
-
Pero si ese te lo mandé hace un mes.
*** Se hace
el silencio ***
Paco, que tiene la jodida manía de
preguntar antes de mirar (además de la de hablar antes de pensar) solo se calla
cuando le meten un corte. Entonces no mueve los labios ni para disculparse,
ante su equipo al que lleva media hora interrumpiendo ni ante Pepe que estaba
concentrado haciendo una proyección presupuestaria que ha tenido que dejar de
lado para atenderle.
A los dos minutos suena el teléfono.
Es Misifú.
-
¡¡¡Dónde está el puto informe de
Andalucía!!!, se escucha desde el auricular de Paco que ya está bloqueado antes
de empezar a hablar.
-
Lo tengo preparado. Te lo iba a
mandar ahora por correo, indica con la voz temblorosa.
-
¿Por qué has tardado tanto en
mandármelo? ¡¡¡Te lo pedí hace un mes!!!, grita la diva en su salsa.
***
Silencio de Paquito.***
-
Te he hecho una pregunta, Paco,
¡¡¡Por qué coño no contestas!!!
*** Paquito se ha despeinado, en el
sentido literal, y todos sus padefos miran como conejos asustados en una carretera
de noche al ser deslumbrados por los faros de un trailer ***
-
Me lo acaban de pasar, salta Paquito
ante el asombro de sus padefos.
-
Que sea la última vez que me
entregas tarde un informe. No te lo vuelvo a repetir.
***Misifú cuelga el teléfono y se hace
un silencio sepulcral en la sala.***
-
¡Qué narices estáis mirando!, espeta
Paquito a grito pelao. -¡Todo el mundo a currar!
A los tres minutos, Remedios, la
Responsable de Marketing –que tiene el don de la oportunidad- se pasa por la
mesa de Paquito para que le autorice unos presupuestos de un proveedor y de
paso le firme las vacaciones de su equipo. Paquito levanta la vista y le dice a
Remedios que por qué le trae esos presupuestos. Que si no tiene criterio para
aprobarlos ella misma. Remedios le contesta que criterio le sobra pero no tiene
claro si tiene potestad para aprobarlos. Paquito tampoco tiene ni puta idea así
que firma y manda a la chica a freír espárragos.
-
Te dejo la propuesta de vacaciones
encima de tu mesa para que me la firmes ¿ok?, añade Remedios, mientras se come
un chupa-chups.
***Se hace de nuevo el silencio.***
Diez minutos después de la
“inoportuna” visita de Remedios se acerca Crispín, con un marrón de los ricos.
Paco, que no se aguanta más, le dice:
-
¿Me dejas mear, por favor?¿Puedo ir
a echar un pis? Es que no me dejáis ni un minuto, como si eso de tener un
equipo de padefos no fuera con él.
Crispín, que sabe que si va a mear ya
no le pilla hasta el día siguiente, acorrala a Paquito y le hace retroceder.
-
Dos minutos, Paco. Voy rápido. ¿Te
acuerdas de la delegada de Palma de Mallorca?, Ana María Llompart, pues me ha
dicho que al profesor no le funcionan las claves del programa AMEDEA.
-
Pues que le den otras claves, joder,
contesta Paquito.
-
Sí, yo también he pensado lo mismo
–indica Crispín que tiene más kilómetros que un Seat Panda. Sin embargo…
-
Sin embargo, ¡¡¡Qué!!! Joder, date
prisa, Crispín que me meo.
-
Sí, lo que te decía, sin embargo
cuando El Departamento de IT genera una clave nueva, al meterla en el sistema
se invalidan todos los accesos del centro.
-
¿Pero qué mierda es esa? Pregunta
Paquito alucinado. Joder, joder no
sale una cosa a derechas.
***Silencio.***
-
Sí, ahora la cuestión no es tanto lo
que le damos al profesor…
-
¿Ah, no?, increpa Paquito. ¿Y
entonces cuál es el problema?
-
Lo que vamos a comunicarle al
profesor y quién se lo va a decir ¿Nosotros?¿El Departamento de IT? o ¿El
Primer Ministro Cameron?
-
No te hagas el gracioso, Crispín,
que no está el horno para bollos.
-
Bueno, ve a mear y cuando vuelvas me
dices algo ¿ok?
En ese momento Puri, la chica de
Investigación de Mercados, salta del asiento.
-
Ya te digo que no, grita Paquito de
camino al baño
-
¿Por qué me dices que no si aún no
te he dicho nada?, pregunta Puri.
-
Porque sé lo que me vas a decir,
contesta Paco con una mano en el paquete.
-
Sí, entonces ¿qué te voy a decir?
-
Que si tengo un minuto y ya te digo
que no lo tengo.
***Puri se marcha por donde ha venido
y Paco sale corriendo hacia el baño.***
Conclusión. Paquito ha interrumpido
veinte veces el trabajo de su equipo (su trabajo), el de un compañero, casi se
mea en los pantalones y no ha hecho lo que tenía que hacer: pasar el puñetero
informe de Andalucía que solo tenía que reenviar ya que lleva en su bandeja de
entrada desde hace un mes. Además de haber vendido a un colega y mentido a su
jefa, ha hecho el ridículo delante de su equipo. Se siente como un gusano y un
inútil incapaz de sacar la más simple tarea adelante (pulsar el botón
reenviar). Aún sigue sin darse cuenta de que, con esa actitud rastrera y pasiva,
el primero que sale perjudicado es él pero su visión túnel le impide ver más
allá del desastre inmediato. Sigue buscando respuestas cuando es incapaz de
hacerse preguntas.

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